Cuando descubrí que no sabía jugar a juegos de rol

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Hoy voy a contar una experiencia personal cual abuelo cebolleta. Una de esas experiencias que se comparten con intención no de enseñar ni de sentir aceptación, sino con intención de que quien lo lea pueda reflexionar. Quizás esto sea un tanto presuntuoso por mi parte, pero ahí está la intención. Espero que sea valorada.

 

Tengo actualmente 41 años y comencé a jugar a juegos de rol con 13 ó 14 años. Esto para algunas personas o en algunas aficiones debería significar algo, pues como sabéis muchas de aquellas personas que leéis este texto, la experiencia es un grado. Sin embargo a mi no me sirvió de nada.

 

En mi viejo blog “La Biblioteca de Dol Amroth”, compartí en varias ocasiones experiencias en las que describía sesiones de Pequeños Detectives de Monstruos con mi hijo mayor, “Funsito” (comencé a jugara  rol con él debido a sus limitaciones al hablar, que me habían recomendado reforzar jugando). Creo que en la mayoría de las ocasiones lo que describí fue positivo, sin embargo, la primera sesión que jugué con mi hijo, teniendo él 3 añicos, me di cuenta que no sabía jugar a lo que estábamos jugando, supuestamente a un juego de rol.

 

Me leí el manual y preparé una historia simple. Tenia todo planeado y jugamos a modo “rol en vivo” debido a que a su tierna edad no creía que fuera capaz de mantenerlo quieto en una silla (aún hoy me cuesta horrores).

Hice lo de siempre, aquello que llevaba tantos años haciendo y que tan seguro estaba de que sabía hacer muy bien. Después de todo, se unían dos cosas que me apasionaban, jugar con mi hijo y juegos de rol ¿Qué podía salir mal?Que inocente fui. Al acabar la partida, mi hijo, mi bebé, tenía miedo.

 

¿Cómo podía ser que mi hijo tuviera miedo, precisamente si Pequeños Detectives de Monstruos servía para quitar los miedos a los niños y yo sabia tanto de juegos de rol? La respuesta cayó sobre mí como un bloque de hielo sobre la cabeza. Yo no sabía jugar al rol (y con toda probabilidad tampoco se a día de hoy). Sabía jugar a algunos juegos de rol, con personas de determinadas características y conocimientos. No sabía jugar al rol con un niño pequeño. No sabía crear historias adaptadas a un niño pequeño. No sabía, y supe que sabía que no sabía.

 

Haber dado miedo a mi hijo me aterró y estuve bastante tiempo sin volver a jugar con él a Pequeños Detectives de Monstruos.

 

Pasadas unas semanas volví a intentarlo. Antes de jugar reflexioné en que había pasado: mis errores, mi forma de actuar, las reacciones de mi hijo, la construcción de la historia, el planteamiento de la partida, etc. durante semanas me preparé mentalmente, leí blogs, vi videos en Youtube y trabajé en la metodología para aprender a jugar con niños pequeños y… funcionó. No tal como yo esperaba, pero la experiencia fue más positiva, no tuvo miedo, se divirtió más y yo sentí que todo había funcionado mejor. Había muchas cosas que mejorar todavía, mucho trabajo por hacer y mucho que aprender por mi parte, pero era un paso, el primer paso de muchos.

 

En esa temporada fue cuando descubrí lo poco que puede importar la veteranía a la hora de jugar al rol. La veteranía no nos sirve de nada si no nos abrimos a los otros miembros de la mesa de juego; no sirve de nada si no jugamos a lo mismo; no sirve de nada si no sabemos trasmitir o si los jugadores no reciben el mensaje… todas estas cosas las sabía de palabra, en la teoría, pero no habían calado en mí. La experiencia me permitió profundizar en ello cambiando mi forma de ver esta afición.

 

En varios momentos de mi vida ha habido Directores de Juego o Campañas que me han mostrado un camino que debía seguir, una forma a la que me gusta jugar o me han mostrado que hay otras formas de jugar al rol.

Puede que el primer DJ que cogí como referencia fuera Herny, el primer gran DJ que tuve en la casa de Juventud Oliver, en el Club D100, con mis tiernos 16 años y cuyas Campañas de Pendragón todavía mantengo en mi memoria. El planteamiento para crear campañas era bestial, todo el trabajo que hacia entre sesiones abundante, la manera de crear desafíos implicando a los jugadores y personajes muy bien llevado… Cuanto más te hacia sufrir, más querías jugar con él…

Mucho tiempo después conocí a Antonio, alias Voivoda (señor y amo de Webvampiro), quien con diez años menos que yo dirigió una partida de Vampiro EO para cerca de una veintena de jugadores. Una partida excepcional, sin que jugadores descontrolados, sin parar el roleo, controlando todas las escenas…

Años más tarde jugué con Ricardo (alias Dacosta) y me mantuvo en vilo con su narrativa, su seguridad, sus PNJ tan característicos, el rico trasfondo bajo el iceberg, sus descripciones cortas y concisas, con su manera de crear inmersión sin grandes florituras…

 

No dudo que estos y otros grandes DJ con los que he tenido el honor de jugar me hayan enseñado formas de jugar.

No dudo que todas mis lecturas roleras me hayan enriquecido, aportado visiones, dado a conocer reglas de muchos sistemas y enseñado estilos de juego.

No dudo que dirigir tantos años a tanta gente distinta y tantas campañas y aventuras no me hayan dado experiencia.

 

Sin embargo, jugar es más que aprender y tener experiencia. Saber hacer algo es recapacitar antes de hacerlo. Es planificación, tener objetivos, identificar errores, usar metodologías y sacrificar amor propio. Jugar al rol es saber que solo eres uno más en un grupo, parte de una historia y que todo nuestro conocimiento, experiencia y técnicas se ponen al servicio de la mesa de juego.

 

Hoy en día todavía no se si se jugar al rol o algunos juegos de rol. Hoy en día, todavía tengo nervios cuando me enfrento a una nueva aventura, campaña o sesión de juego pues lo importante no es lo que sé, sino saber aplicar lo que sé y ponerlo al servicio de la mesa de juego.

 

 

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Funs Athal

Jugador de rol desde los 13 años, y electricista de profesión, así que soy algo así como un Electricista aventurero.

2 Comments:

  1. No había podido leer hasta ahora este artículo. Gracias por la mención y por tus entradas. Da gusto leerte. Un abrazo grande, amigo.

    • Un honor que me leas compañero.
      ¿Te veré en las LES? este año he conseguido escaquearme hasta allí el sábado, para ir con unos colegas.

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